Despido disciplinario por transgresi贸n de la buena fe y abuso de confianza. Cuando es bueno predicar con el ejemplo

Asistimos at贸nitos estos d铆as al esc谩ndalo de Cajamadrid por el uso que directivos y consejeros de la entidad hicieron de las llamadas "tarjetas black". Hasta 15 millones de euros dilapidados en restaurantes de lujo, vino o discotecas, mientras miles de preferentistas ve铆an c贸mo se difuminaban sus ahorros v铆ctimas de un enga帽o. En este contexto 驴puede exigir la Caja un comportamiento 茅tico a sus empleados si sus dirigentes no predican con el ejemplo? Y m谩s en concreto, 驴podr铆a ser objeto de despido un trabajador que comete un peque帽o desliz como mentir a su jefe?

Aunque todav铆a no disponemos de ninguna sentencia a este respecto de Cajamadrid o de Bankia, s铆 podemos traer a colaci贸n una muy reciente que afecta a la empresa Fremap (SJS n.潞 7 de Madrid, de 11 de septiembre de 2014). En ella, se analiza el caso de una trabajadora que tras ausentarse de su puesto durante tres horas en la ma帽ana sin justificaci贸n alguna, miente a la directora de la oficina asegurando haber hecho unas visitas que luego se comprob贸 no hab铆a realizado, si bien esa misma tarde (completando una jornada de doce horas) subsan贸 en parte los cometidos que dec铆a haber efectuado, al remitir mediante correo electr贸nico a los supuestos colaboradores visitados una serie de prefacturas donde se recog铆an comisiones por sus servicios.

La empresa expres贸 claramente en el acto del juicio que la direcci贸n de recursos humanos, a la vista del c贸digo 茅tico de la entidad, hab铆a decidido adoptar una medida ejemplarizante, calificando dicho incumplimiento como falta muy grave por transgresi贸n de la buena fe contractual, deslealtad y abuso de confianza, decidiendo el despido.

No son pocas las sentencias que podemos traer a colaci贸n en las que se castiga con el despido disciplinario la p茅rdida de confianza. Valga como ejemplo, por citar algunas de las m谩s recientes, la del comercial que aportaba para su cobro a la empresa tickets falsificados de establecimientos hosteleros1, la del trabajador que era el encargado de repostar los veh铆culos de la empresa y que aprovechaba para llenar el dep贸sito de su coche y el de sus compa帽eros2, o la de la trabajadora, camarera, que se apropiaba de las propinas sin incorporarlas al bote com煤n a repartir mensualmente entre los empleados3. Todas tienen en com煤n el hecho de compartir la misma doctrina: 鈥los despidos adoptados en tales circunstancias tienen car谩cter de procedentes, resultando indiferente la cuant铆a de lo sustra铆do o los perjuicios realmente producidos al empresario, ya que desde la 贸ptica laboral no cabe se帽alar grados ni distingos en cuanto a la confianza, que se tiene o no se tiene y, si se pierde, se pierde en su totalidad鈥.

A la vista de esto, 驴se ha visto influenciada la magistrada a la hora de dictar sentencia (en la que declara el despido improcedente) por el lastre de la corrupci贸n que invade nuestros hogares cada vez que encendemos la televisi贸n o escuchamos las noticias?

Se帽ala en su argumentaci贸n que la m谩xima sanci贸n disciplinaria debe estar sujeta a la teor铆a gradualista y de proporcionalidad y que entra dentro de las facultades judiciales examinar la adecuaci贸n de las conductas imputadas a la descripci贸n de las faltas que se recojan en el cuadro sancionador correspondiente de la norma reglamentaria o convencional aplicable al caso, resultando desproporcionado que una trabajadora con doce a帽os de antig眉edad, sin falta o menci贸n en su expediente, se encuentre sancionada con una decisi贸n de despido por una conducta como la anteriormente mencionada. Sin embargo a帽ade, a mayor abundamiento, en el fundamento jur铆dico cuarto, en relaci贸n con el incumplimiento por la trabajadora del c贸digo 茅tico, que este parece no aplicarse en la Mutua, al ser un hecho p煤blico y publicado que la Intervenci贸n de la Seguridad Social le reclama 43,2 millones de euros por el periodo 2006-2011, atribuy茅ndole a sus directivos gastos en mariscadas, viajes y dem谩s derroches injustificados e injustificables que, de acreditarse, ser铆an incompatibles con las prescripciones 茅ticas por las que se dicen regir, por lo que la direcci贸n de la Mutua carece de autoridad moral para aplicar las recomendaciones 茅ticas al resto de los empleados.

En cualquier caso, no estar铆a de m谩s que casos como el de Cajamadrid o ahora el de Fremap, sirvieran para entender que la transgresi贸n de la buena fe, la falta de 茅tica o la deslealtad no son patrimonio exclusivo de la clase media. La sociedad lo agradecer谩.