Derecho laboral y propiedad intelectual

Derecho laboral y propiedad intelectual

En este artículo nos ocuparemos someramente de la relación entre el contrato laboral y la propiedad intelectual o industrial generada por el trabajador en régimen laboral, y por ende la de quienes, como externos, trabajan para las empresas bajo la forma contractual y el régimen laboral de Autónomo dependiente, que, por léxico, supone una contradicción de términos.

Recientemente hemos podido leer en prensa la ofensiva que la Administración tributaria planea contra la figura del llamado falso autónomo, es decir, aquel que, bajo una forma contractual de ajenidad e independencia, presta sus servicios en régimen de exclusividad y dependencia, con la sola intención de eludir sus obligaciones laborales por parte del empleador. Al parecer muchas empresas se aprestan a regularizar los casos dudosos.

Para regular este problema se creó la figura del Autónomo dependiente, con el requisito de que más del 75% proviniese del mismo pagador, aparejando en ese caso ventajas fiscales y en materia de seguridad social.

Uno de los mayores problemas que genera la situación de ajenidad, que se apunta como obstáculo a la transmisión de conocimiento, generación de valor y en general de la innovación; es la propiedad intelectual o industrial del empleado y del autónomo. Una cosa es derecho de indemnización por inventos realizados y otra muy distinta el reconocimiento y titularidad de su autoría.

Los artículos 15 a 18 de la Ley de patentes de 2015 y el artículo 51 de la Ley de Propiedad Intelectual fijan el marco normativo al respecto. Por regla general pertenece al empresario toda creación intelectual o industrial generada por el trabajador por cuenta ajena en el seno y durante el transcurso de su prestación laboral. Por el contrario, la ley marca una serie de comunicaciones del empleado al empresario cuando se produce un invento, con derecho de aquel a cobrar indemnización (la ley habla de compensación económica justa) e incluso a inscribir la patente si el empresario no ejercitase su derecho en cierto plazo habilitado legalmente.

Y qué decir del caso de los falsos autónomos, esto ocurre en el contexto de una lógica empresarial por la cual si se es responsable y se asumen los riesgos de la actividad como autónomo, lo lógico es que también se tenga la propiedad de las herramientas que se generen para el manejo de dichos riesgos, cual es la ventaja competitiva o diferenciación para el riesgo de mercado.

Curso de Propiedad intelectual e industrial

Lo primero que hay que tener en cuenta es que no todo lo producido por el trabajador de forma creativa merece tener el carácter, desde un punto de vista estrictamente legal, de propiedad intelectual. El artículo 10 de la Ley de Propiedad Intelectual es muy claro cuando circunscribe su objeto a “las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte”, de forma que a la hora de dotar a una creación del carácter de propiedad intelectual debemos de contemplar tres condiciones:

  • Deben de ser creaciones de carácter literario, artístico o científico. No servirán generalmente los modelos de invención o el know-how (que van protegidos por la propiedad intelectual) ni toda creación que no contenga alguno de estos valores.
  • Deben de ser creaciones originales. Las creaciones que sean copias de otras anteriores no desarrollarán ninguna protección de propiedad intelectual. Sí son suficientes las traducciones o arreglos de otras obras si son creaciones originales.
  • Deben de estar expresadas por cualquier medio o soporte. Es decir, no se podrá pretender proteger la propiedad intelectual de una simple idea que se haya tenido en la cabeza o que haya surgido en alguna conversación.

Estas cuestiones y muchas más se tratan en nuestro Curso de Propiedad intelectual e industrial.

Ricardo Seoane Royo
Abogado, asesor de compliance, estrategia e innovación